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El universo no se rige por una ley marcial, arbitraria y provisional.
No encontramos ninguna fuerza que pueda girar de manera incorrecta o continuar indefinidamente su curdo desordenado, como alguien que está fuera de la ley y rompe todo acuerdo con su ambiente.
Por el contrario, toda fuerza debe alcanzar su estado de equilibrio y describir una curva.
Las olas se elevan, cada una a su nivel, en una actitud aparente de implacable competencia, pero sólo hasta cierto punto. Así desconocemos la inmensa serenidad del mar, con la que todas ellas están relacionadas y a la que todas ellas deben regresar con un ritmo de maravillosa belleza.
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